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martes, 17 de septiembre de 2013

¿QUIÉN GANA CUANDO TODOS PIERDEN?


          Hay una máquina que se puso en marcha hace unos años y que con la crisis está cogiendo impulso. Existe desde hace un tiempo un lobby con mucho poder económico y político que defiende el fin de uno de los grandes logros sociales de las últimas décadas: La salud pública, universal y de pago a través del sistema impositivo. La cual es una forma de democracia también, aportando igualdad de coberturas sanitarias, acceso a los avances científicos de la medicina y esperanza de vida similar para toda la población... 

Si la muerte nos iguala a todos, la sanidad pública intenta hacerlo también mientras estamos vivos. (Igualarnos no matarnos, malpensados).

España (sea lo que sea que cada cual quiera leer ahí) tenía entre sus logros más reconocidos internacionalmente su sistema público de sanidad. Situado entre los mejores del mundo por su calidad de cobertura y por la amplitud de la misma. Nunca ha sido un sistema exento de lagunas, pero en general primaban los aciertos y el consenso general de que era un pilar de los avances sociales logrados en el final del siglo XX. Personalmente he podido comprobar en varios encuentros de la Unión Europea cómo nos miraban con envidia desde Inglaterra u Holanda a este respecto y en especial cuando se observa el acceso a la sanidad de las personas con mayor situación de exclusión. Qué decir del asombro que despertábamos en otros lares como América.

En plena ebullición de espíritus nacionalistas enfrentados por el tema de la soberanía en Cataluña, aparece la noticia de que el Hospital Clìnic de Barcelona deberá privatizar parte de sus servicios por imposición de la Consejería de Salud catalana.

Esto implica que más de medio millón de almas (catalanas, españolas o togolesas) serán atendidas en servicios rentables y explotados por una multinacional de la sanidad privada vinculada con los partidos conservadores de uno y otro lado del Ebro.

El lobby del que hablaba antes logra poco a poco sus objetivos, especialmente allí donde los responsables políticos forman parte del grupo y juegan a desmontar el sistema público cediendo negocios consolidados a multinacionales para que saquen beneficio de nuestra vida, en el sentido literal del término. Este lobby ha funcionado como es lógico en muchos frentes, también y especialmente en el de la comunicación. 

Primero han tenido que convencernos de lo mal que funcionaba todo, del dinero que perdíamos, de lo malo que era el Estado, del derroche que existía. Han logrado que enfoquemos los servicios públicos y sus trabajadores no como un sistema que necesitaba mejorar, si no como sistema pernicioso a extirpar de la sociedad. Entre otras cosas devaluando la imagen de la política. Curiosamente no pocos políticos conservadores tienen intereses personales en las compañías privadas de sanidad.

Parte de ese discurso en torno a los gastos desmesurados del sistema público ha cogido la figura de los inmigrantes irregulares como culpables. Bajo premisas falsas, como que los inmigrantes irregulares no pagan impuestos, se ha creado un esquema de pensamiento que ha permitido al actual Gobierno español aprobar una reforma sanitaria encaminada a reducir a la mínima expresión la sanidad para personas en situación administrativa irregular. Esto no es solo un problema para ellos, es un problema social al facilitar que un porcentaje significativo de la población residente en España carezca de seguimiento sanitario. ¿Seguro que eso es lo que más nos conviene a todos? 

Médicos del Mundo lo ha desarrollado muy bien en su Informe Semáforo. En él se visualiza que no todas las comunidades autónomas tienen la misma visión del tema. Las hay que defienden a pesar del esfuerzo que les supone, un modelo de sanidad universal. Otras aprovechan el cambio de normativa nacional para dejar de atender a la población irregular.
Por algo le han llamado Informe Semáforo.

Por otro lado y ante esta oleada de privatizaciones y recortes de la inversión pública en sanidad, se ha generado un movimiento de profesionales y ciudadanos que se organizan para defender el modelo de sanidad de gestión pública y universal. Entre convocatorias de movilización, huelgas y artículos de prensa, algunas de estas asociaciones agrupadas en la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública han sacado el X Informe de los Servicios Sanitarios de las comunidades autónomas.

El informe, técnicamente correcto dados los medios con los que cuentan sus autores, muestra cómo el mismo Real Decreto que posibilita dejar de lado la atención a personas inmigrantes indocumentadas, también devalúa la calidad de la atención al conjunto de la población. Nuevamente se establece una categorización de las CC.AA. en función de la calidad de sus servicios para la población general dividiéndolos en cuatro niveles según distintos parámetros.
Elaboración propia a partir de X Informe Servicios Sanitarios de CC.AA

Comparando ambos documentos y los mapas de atención sanitaria que arrojan, si bien no idénticos, dan lugar a establecer correlaciones. A mayor nivel de calidad de la sanidad pública general, mayor amplitud de cobertura a la población indocumentada. Existen excepciones en una u otra dirección como Aragón, Cantabria o La Rioja, pero son las menos y en parte se explican por cambios políticos en los últimos años. La sanidad pública o es para todo el mundo o no puede ser de calidad. Precisamente porque entendiéndola como algo público, se entiende también como algo pensado para el bien común y no la especulación del capital privado.

Una vez más debemos preguntarnos qué existe detrás de los discursos que cargan sobre los excluidos las culpas de un modelo económico que se tambalea. ¿Pelear por los recursos o pensar quién sale beneficiado cuandos todos perdemos?

domingo, 14 de febrero de 2010

Berlusconi, master en Gestión de la Diversidad

Hoy me han pasado una noticia del incombustible Berlusconi. En ella aparecía unas declaraciones del Primer Ministro de Italia en las que afirmaba que pensaba ser inflexible con la entrada irregular en el país, menos para las personas que traigan chicas guapas. Entretanto en Milán, la capital del diseño y la industria italiana, se producían disturbios como respuesta a la muerte de un chico egipcio. Disturbios, al parecer, con marcada connotación de conflicto entre distintas comunidades de inmigrantes.

Contra lo que algunos hemos defendido, no es cierto que la falta de gestión de la diversidad sea la causa de los conflictos. Ese es un discurso que ya ha caducado. No vale porque cada vez más, hay una forma de Gestión de la Diversidad que propicia el aumento de los conflictos y fomenta la fractura social.

Ese es el dilema en el que estamos. La diversidad, siempre está gestionada de alguna manera. Puede ser que sea a través de mecanismos más o menos incoscientes, pero siempre, siempre hay alguna forma, algún mecanismo para gestionar la diferencia. Enriquecedor o desintegrador, pero siempre lo hay.

Desde esta perspectiva, se vuelve más acuciante la creación y aplicación de un modelo en positivo. Porque su ausencia no es dejar hacer, como si la cosa pudiera quedarse a la espera de una intervención futura. No, la cosa exige una intervención ahora porque si no se aplicará otro modelo nada deseable.

En el caso de Italia, parece que cada vez más clara la presencia de una apuesta concreta. Discurso provocador que insinúa sin decir, alimentar el fuego de los conflictos sociales y lo más novedoso, la banalización. Si un Primer Ministro puede tomarlo a broma, es que no es tan importante, es que las personas afectadas no merecen ser tomadas en serio. Por tanto, el racismo de estado no es algo como para alarmarse, tomémos en serio otras cosas. Las mujeres guapas por ejemplo.

Por cierto, he releído las declaraciones en el italiano original y no me ha quedado claro si Berlusconi se plantea regularizar la trata de mujeres para la explotación sexual. Mejor no dar ideas...

martes, 9 de febrero de 2010

La primera en la frente

No me ha costado mucho encontrar la primera idea para el blog. La noticia estrella de Francia para mañana es la consolidación de la propuesta para el contrato de integración francés.

Allí Sarko le ha dado otro nombre, claro. Pero la base es obviamente la misma. Discutir sobre su contenido es en cierto modo distraer la atención sobre el fondo del tema. ¿Por qué hay que proponer estos contratos filtro? ¿Qué aportan que no esté ya en la legislación? ¿Y si hace falta por qué no cambiar la constitución en vez de generar un elemento simbólico nuevo?

Porque lo que importa es el símbolo. Habrá que firmar un contrato para demostrar que uno abandona su errada existencia anterior y se introduce en la civilización. Firma la renuncia de lo que era para poder ser FRANCÉS (o español o catalanoibérico puestos al caso). Los romanos ya inventaron algo parecido, por cierto. No se vaya a creer el presidente francés que tiene la patente.

El contrato es la demostración ante los inquietos europeos de pura cepa, de que aquí no cuela todo el mundo sino quienes acepten que la identidad buena es la de los de aquí. No vaya a ser que al nacionalizarse la gente siga teniendo algo del país y la cultura donde nació.

El tema es más complejo sin duda, pero la carga simbólica es incuestionable. Sobre todo porque el argumento se podría aplicar a la inversa. Aquel que no cumpla con los principios constitucionales, debería perder la nacionalidad sea esta congénita o adquirida.

¿Imaginan la limpieza de corrupción que haríamos en España? Cada cargo público corrupto, cada empresario explotador, cada maltratador, cada persona que fuese declarada culpable de discriminación podría ser desnacionalizada. Un funcionario podría romperle en sus narices el pasaporte y el DNI, como ceremonia antónima a la de firma. Y en vez de cantar el himno nacional se procedería al abucheo general. Creo que en algunos casos, esta propuesta ganaría enteros en las intenciones de voto. Quiero pensar que hay mucha más gente indignada con la corrupción y los abusos de todo tipo que con la pureza cultural de la "raza europea".

Si Sarko acepta esta propuesta, yo acepto su contrato de integración.

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